Cuento: «¿Cuál es la bestia más peligrosa?»

¿Cuál es la bestia más peligrosa?

Viví con la misma familia por tres años. Me maltrataban. Me gritaban, pegaban y alimentaban cuando ellos querían, hasta que finalmente decidieron dejarme en la ruta para que alguien más pudiera encargarse de mí. Desde entonces vivo con Poli. Ella me cuida, me da amor y compañía. Ya pasó casi un año. Este verano llegó Omar, su sobrino. La pasamos bien. Salíamos de paseo, ellos cocinaban, me hablaban y yo “de alguna manera” contestaba.  Noté como Omar se interesaba por las hormigas. Todos los días las observaba, preguntaba por ellas… Siempre con algo de desprecio, a diferencia de Poli y yo, que estábamos acostumbrados. Una noche en la que Omar estaba un poco raro, luego de que la tía se hubiera ido, se quedó sentado mirando al monte, como esperando algo. Yo lo veía desde el piso. Me preguntó algo sobre la tía, a lo que no presté mucha atención. Lo vi ir a la cocina a buscar una linterna; luego, caminar por el aljibe y los rosales, como nervioso. Apagó las luces, cerró la puerta de la cocina. Yo me quedé en la galería. Casi me había dormido cuando de repente sentí algo que me caminaba por la espalda, después por las patas y desde la nariz a las orejas…¡Eran hormigas!  Empecé a protestar y a sacudirme para sacármelas de encima… hasta que por fin lo logré.

 

Miré a mi alrededor para asegurarme de que se hubieran ido y noté que estaban entrando a la cocina en filita, pero esta vez no eran solo tres, venían de a diez, cincuenta, cien, ¡mil! Seguí a lo que se había convertido en una gran bestia negra y brillante. No paraban de entrar. Vi cómo empezaban a entrar al cuarto de Poli, al igual que Omar, quien estaba igual de asustado. Yo ya no me podía mover. Vi como la linterna de Omar caía al piso y su luz era instantáneamente bloqueada por las hormigas. Al reaccionar comencé a correr. Con todo mi esfuerzo corrí hasta llegar a la ruta…La misma en la que me había encontrado Poli. Todavía llegaba a ver la casa. Me quedé contemplándola, pensando en todos los momentos que había pasado allí, en todo el amor que había recibido, sin siquiera pensar en la bestia negra que me devoraba poco a poco.

Valentina H. (2º B)

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